Caminando cerca del cielo

Caminando cerca del cielo
Laguna Verde - Uyuni - Bolivia

viernes, 1 de julio de 2022

Río

Borrosa entre sus pliegues de plata,

refleja inmaculada la luna

danzan las estrellas una a una 

en el manto que todo lo delata


Devuelve sus ojos del ayer al hoy 

regresa de la espesa negrura

pues llega sin aviso la locura 

de desvanecer para un nuevo soy


Quiso la dueña de todo lo vivo

que su cuerpo fuera el alimento

que de su vientre el dulce aliento 

levantara a quien es y ha sido 


Mientras desgarra la tierra árida

donde reposan los hijos de Eva

pecadores cansos en mar de leva

abre paso en llanura pálida 


Reclamando su reinado perenne 

devolviendo verde en cada tramo

desatando las cadenas del amo

que vio desde el averno, inerte



sábado, 25 de septiembre de 2021

Para Maxwell


En medio de tu abrupta partida, con mi corazón triste y envuelto en sollozos, te declaro mi gratitud absoluta. Que los portales espirituales que cruzas te lleven a verdes praderas y campos extensos, que seas premiado con libertad y pepitas, que conozcas todo aquello que en este plano te fue esquivo y tu espíritu de inspector/detective no se apague jamás. 

Dejo aquí para mi posteridad y en tu honor un fragmento de aquello que me inspirabas. Gracias Maxwell. 


....


Que gusto siento mientras le observo. Me escondo tras las cortinas o los ventanales, justo donde mi presencia sea un misterio. 

Me rehúso a ser ese factor externo que interrumpa la contemplación que emana de sus ojos, que rasgue ese delicado velo de libertad que le cobija. Así mientras está allí, en su solitario descubrimiento, mientras se extrae de este mundo y sus amenazas, para estar en el lugar preciso, yo le observo.

 Es así como espío su paso elegante, macilento, esa actitud ensimismada, somnolienta que se mezcla tan bien con el entorno; le veo detallar cada fisura, concentrarse en cada hendija, curioseando todos los rincones una y otra vez. En este juego de reconocimiento atemporal da la impresión de que danzara entre las ramas y las hojas, que se rozara en el follaje como quien busca camuflarse, ¿de quién se esconde si mi presencia le es inadvertida?, ¿se esconde o se entrega?, eso es lo que me intriga.

Para Maxwell. 

sábado, 27 de julio de 2019

El día que te olvide

Y si un día te olvido,
¿Se escucharán igual las canciones que cantabas?

Y si un día te olvido,
¿Se sentirán igual las poesías que declamabas?

¿Qué llegará en primicia?
¿Cuál promesa vitalicia,
ocupará mis pensamientos?
¿Qué pasará si renuncio
a repasar todos los días
tu nombre y lo que decías?

¿Qué pasará si renuncio
a esperar por profecías
de algo que jamás sería,
a buscarte entre rostros
de otros que desconozco
para borrar el sufrimiento?

Mas nada dolería tanto,
que un día propiciar tu llanto;
y al regresar descubrieras
que vale menos tu encanto
pues he renunciado al manto
que antes mis ojos cubriera.

Por ahora voy pensando
sobre lo que sucedería,
entre el amor y el tiempo
¿cuál de los dos ganaría?
El día que te olvide.

sábado, 6 de julio de 2019

De fiesta


De fiesta.

Mis pasos rebeldes se cargaron de olvidos
con pétalos caídos y estaciones eternas.
Estuve descontando las miradas huidizas
y las sonrisas abatidas, casi enfermas. 

Transcurrida la agonía de nuestro otoño
vuelvo a escribirme poesías, a tararear
las melodías, que de esperar yacen sin dueño.
Se apacienta mi sueño, ya puedo respirar. 
Sobre mis hombros las mariposas saltarinas,
entre mil colores se llevaron los temores
lavando sin sabores con aguas cristalinas.
Lucidez divina, rebosante de amores. 

Gracias al olvido se alimentan las raíces,
los tiempos felices arribaron a mi puerta,
de fiesta me visto para recibir abriles,
soy la que vive y tengo conmigo la fuerza.

jueves, 18 de octubre de 2018

Amago de reseña de Carta para una señorita en Paris

Advertencia: 

La siguiente entrada se genera, como las demás, por el mero gusto adquirido de escribir creyendo que nadie lee. No se trata de una disertación o ensayo o análisis literario, mas un simple, muy simple comentario sobre algo que se ha leído. Como aquellos que se emiten al salir del cine, carentes de fundamento teórico o contexto propiamente dicho. Es por tanto que usted, ese que de seguro por equivocación se encuentra leyendo esto, deberá tener presente que quizás lo siguiente no le aporte en nada y por el contrario pudiera revelar algo que le impediría disfrutar a cabalidad del goce natural de un cuento singular y a su vez cortado a la medida de los más tradicionales. A partir de este punto, continuar es su decisión. 

...

Hace un par de días estuve leyendo a Julio Cortazar, con su Carta para una señorita en París. Debo confesar que en todas las artimañas que él usó para lectores fáciles, he caído. Me distraje con el título y al entender el meollo del asunto, la excitación y la sorpresa se entremezclaron complacidas y con un toque de vergüenza. Como cuando alguien te descubre con un placer culpable. 

La espera en la exposición del conflicto me resultó exquisita, justa la medida para un cuento. Y la resolución del mismo, insisto, diseñada para lectores impresionables, inundó de satisfacción todo el recinto en el que me encontraba. No le exijo nada más. 

Ahora bien, adentrándome un poco en el tema culposo del personaje, aún cuando no es mi fuerte, por demás que si tuviera alguno, las cavilaciones del mismo sobre la carga que lleva en sus hombros es tan humana como cualquier culpa, porque la culpa nace de la autocrítica y esta nada tiene que ver con la razón, mas con la sociedad. Así pues, mientras más necio sea el estándar que se ha transgredido, el parámetro que se ha burlado, mayor la recriminación propia que recae sobre el ejecutor. Y es en este punto donde, a pesar de lo inverosímil que resulta la razón, se puede sentir identificado el lector, pues ¿quién no se ha sentido culpable por algo? Sea entonces dicho que la especialidad expuesta por Cortazar en su cuento corto, endulza, enreda, acusa y por último, te saca de la silla de un golpe o ¿por qué no?, te tira al tejado sin más. 

domingo, 22 de julio de 2018

El Puente

Entre tablas y pasos sucesivos
vio cautivo el sentimiento augusto
de estar en pleno suspendido
presa de la admiración y el susto.

En las ramas se balanceaba justo
el suspiro natural,
no hay errores, no hay mal
en los abrazos de un arbusto.

Delicia fue el frescor vespertino
que ahogaba en tanta pureza,
estando en pleno suspendido
relegada quedó la tristeza.

Y de hojarasca se vistió la belleza
cernida a los lados del puente,
en un paso hacia el frente
aguardaba, intensa, la naturaleza.

Hombre Taciturno

De angustias, el tocado en su cabeza,
se fue cubriendo con cada atardecer,
continúa lloviendo, parece no ceder
el torrente que alimenta su tristeza.

Pobre hombre de mirada en lontananza.
Sin alas, ni sonrisa entre sus pasos,
tanto caminar, evitando los retazos
de un amor convertido en añoranza.

Abatido en mil batallas pasajeras
ahora carga el desierto en las costillas,
se olvidó de fervor y maravillas,
y tomó la soledad por compañera.