Caminando cerca del cielo

Caminando cerca del cielo
Laguna Verde - Uyuni - Bolivia

sábado, 9 de abril de 2016

El día que te conocí

Durante años soñé con él junto a mí, aquel primer día, el día en que le conocí. 

Merodeaba en los detalles de una realidad inventada, en la que le dibujaba delgado, de piel brillante, cabellera prolija y dientes blanquísimos, con ojos negros, exorbitantes. Enredaba prosas sobre su cruzada épica a través de corrientes impetuosas, recortando la distancia que ignara de su desesperación se tornaba interminable y espesa como el olor alquitranado de aquel puerto. Le investía de entereza y gallardía, con voluntad férrea, inexorable. Nada impediría que reclamará su destino y posición como estandarte en mi vida. 

Llegó tan pronto como el río se rindió ante su persistencia. Agitado, ansioso, desubicado, con una frase palpitante en su mente: Ya es hora. No traía equipaje pues volvía a casa. La brisa de aquel viaje no había disipado el calor incesante que arreció al atracar, sus ropas húmedas emulaban una segunda piel que parecía derretirse mientras caminaba por una calle principal de tierra amarilla. Implacable el sol desde el cenit castigaba su cuello y sus brazos, mientras el sudor enjugaba sus pecados y le dignificaba, era el único feligrés en su procesión íntima de jueves de Dolores. Las casas de bareque y cañabrava permanecían a puertas cerradas, los habitantes del pueblo hacían parte del mismo organismo aletargado que suspendía sus actividades a medio día y despertaba caído el atardecer. Él conservaba la marcha con sus zapatos de cuero negro abrazados por el polvo, se acordó de una sombrilla que guardaba su madre detrás de la puerta para ir a misa, una mueca se asomó en su rostro, volvió a sus pensamientos y de nuevo el corazón percutió entre sus costillas. Así transitó un par de cuadras más hasta que fue obligado a detenerse por una fila de asnos que muy seguros de su dirección doblaron la esquina para encontrarse de bruces con él, no tenían marca o distinción de pertenecer a alguien, su dueño parecía ser un perro famélico que caminaba al último, como pastor. Volvió a sonreír. Se detuvo frente a una puerta de madera pintada de gris, sabía que estaría cerrado y con una tranca atravesada desde adentro. Extrajo de su bolsillo izquierdo un pañuelo blanco de rayas marrones y secó la humedad de su rostro, el pedazo de tela impregnado tomó la coloración amarillenta del polvorín que le acompañó durante la caminata entre el puerto y aquella casa. En la mano derecha sostenía tres lirios blancos y agonizantes como antesala de un ramo que llegaría en su tiempo. Llamó a la puerta y esperó. Del otro lado emergieron los sonidos de alguien retirando las guardas de la fortaleza, fue recibido con una sonrisa amplia y un abrazo cálido. Llevaba varios meses sin ver a aquella que le prestaba su alma y sin sentir el latido de su perpetuidad en el mundo. Se dirigió hacia el patio y allí estábamos, sentadas en una mecedora dispuesta en medio del colchón de dalias húmedas y florecidas. Por entre la sombra de los árboles se filtraban los rayos de luz intensa y los cantares de azulejos y golondrinas revoloteaban festejando la llegada. Se acercó, le dio un beso en la frente a mi madre y me acunó en sus brazos. Fue entonces cuando ese hombre miró mis ojos y de manifiesto juró con devoción prístina que obsequiaba su vida a cambio de mi felicidad. 

...

Es por eso que después de tantos pesares y alegrías, de las cicatrices en su corazón no se me ocurre una mejor forma de pedir por su perdón,  sino a través de mi propia versión de un cuento de hadas que imprima el mayor honor a la gesta de mi padre. Pues hasta su nombre, exquisita coincidencia, desprendió la verdad irrefutable de su naturaleza: Guardián, defensor total. Así entonces, a bien tenga el magnánimo creador mantenerme en su estima, pues su bendición me llegó desde la concepción. 

Nunca antes había escrito algo tan personal y complejo, por ello acudo a la tibieza de tu corazón para que encuentre enredado en mis palabras el hilo indeleble que nos une y nos unirá para siempre.