Un lugar
En ese lugar pasa la brisa queriendo quedarse
roza delicada los endebles brotes que nacen
y se enreda entre las ramas del Olmo
De lejos las espigas danzan presas de la soltura,
impuesta por la brisa que ha perdido la cordura
y se ven diminutos destellos de luciérnagas.
Luego pasan las horas templadas y nocturnas
y se ciernen sobre las hojas, una a una,
las gotas de rocío que llegan con la alborada.
En ese lugar la ladera arrepentida se vuelve gentil,
pues la lluvia insistente ha esculpido su perfil
y el Olmo se ha encontrado el mejor lugar,
uno donde echar raíces y llamar hogar.
El resto del bosque se convirtió en centinela
bajo la falda de la hermosa ladera
custodiando las visitas del Olmo de la cima,
filtrando hasta la brisa para volverla más fina.
Sólo el sol, portador de luz, se posa intacto
con actitud paternal en un delicado contacto,
impregnando de vida al pequeño paraíso
que alberga la majestuosidad de aquel árbol castizo.
Otro lugar
Todos los pasos guardados
en las calles polvorientas,
angostas, amarillentas
de mi pueblo adorado,
resuenan en temblorosos
golpeteos libidinosos
que callan lo que sabemos,
mas decimos que no vemos,
de pasados dolorosos.
En cada rincón oculta
la historia pasajera
sobre lo bueno que era
y la partida injusta.
Destilando compungido
la nostalgia del bandido
y los pesares de otros,
para curar en nosotros
cuanto habíamos vivido.
Recogidos los caminos,
esperan por nuevas huellas
menos sangre entre ellas
dando paso al olvido.
Se alza la luz brillante,
esperanza palpitante,
pues la vida no termina
bajo las piedras germina
cubriendo lo que fue antes.