El artículo 27 de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, proclama
que: “Toda persona tiene derecho a tomar parte en la vida cultural de la
comunidad, a gozar de las artes y del progreso científico”. Léase bien, dice
toda persona, entiéndase persona como individuo, no pareja o grupo de 3 o más.
Este mes buscando escapar de algunos demonios y dándole rienda suelta al
espíritu aventurero que sé que llevo dentro, pero de tanto en tanto se esconde,
me di a la tarea de encontrar un plan lo suficientemente bueno para sustraerme
de la realidad durante los tres días de un fin de semana con puente, con la
respectiva aclaración, un plan para mí. Resulta entonces que en este país, el
concepto de individuo es solo teórico, por lo menos en lo que respecta al
entretenimiento (mantengamos el beneficio de la duda latente).
En mi búsqueda encontré un sinfín de planes para dos o más, aquellos
contados en los que se dejaba entrever la posibilidad de una persona sola,
tenían como objetivo “encontrarte pareja”… ajá y si no estoy buscando?. Con el
instinto de aventura embolatado y más enfocada en tirármelas de científica, se
me dio por hacer un pequeño experimento. Me fui al extremo y digité las temidas
palabras: Para uno. Google en su afán por satisfacer las necesidades de sus
desubicados usuarios, me remitió a 3.5 MM de resultados, 7 links en la primera
página, todos en Chile. Como siempre los chilenos un paso adelante ya se han
desprendido de la ordenanza del dos por uno. Pero en el país del sagrado corazón,
ejemplo del incumplimiento de los Derechos Humanos, el mencionado artículo 27
se da por sentado, en parte porque parece obvio y en parte porque no es
entendido en su totalidad, empezando por nuestras instituciones madre. Por ejemplo,
la iglesia que aun maneja ciertos hilos de oro doble moralistas (…me pega…), es
precursora en ofrecerlo todo en combo y un soltero de 30 años representa una
profanación al divino sacramento de la empresa matrimonial. Que no me lean ni
el padre Jose Manuel, ni mi madre y mucho menos mi tía Nancy, porque con esto sí
tendrán para rasgarse las vestiduras y creer que a pesar de tantas oraciones me
inscribí en el otro equipo.
Continuando con mi experimento, después de limitar el sondeo a Colombia,
solo aparecieron tres pestañas de resultados y los diez primeros links repletos de
opciones en Pareja y/o Grupos. Al parecer es más fácil conseguir un plan
swinger que un plan para una sola persona.
Luego de horas de navegación infructuosa, encontré una página
prometedora no porque pudiera ir sola sino porque era un viaje a Bahía Málaga
en el pacífico. A pesar de la restricción hice mi inscripción para dos.
Mientras llenaba los datos, tuve que especificar mi estado, ¿soltero o casado?
Primero, como si no hubieran más opciones y segundo ¿qué diferencia hace? Es
tan segregacionista como exigir la foto en una hoja de vida. Así que ahora
debía rebuscar con quien ir. Luego de una selección exhaustiva, en la que de
entrada tuve que descartar a mis amistadas pares que por obvias razones dirían
que no, le comenté el plan a uno de mis amigos de toda la vida, que según
parece sufre de la misma enfermedad que yo… es soltero. Sin embargo luego de
varias semanas de indecisión cuando finalmente supuse que no iría, volví a
contactar a la compañía, en la cual ya había hecho un depósito para dos
personas. Me informaron que no les era posible lograr acomodación simple. Y ahí
me quedé al otro lado de la línea, pensando que para ver a las benditas
ballenas tenía que sucumbir ante lo arcaico del precepto sobre la pérdida de la
individualidad. El dinero no era el
problema, mi disponibilidad tampoco, lo era no tener con quien ir, ¡válgame
Dios! No tuve más remedio que solicitar el reembolso, dar las gracias y luego
de colgar, estallar a carcajadas, fue cuando me di cuenta que en este país
está mal visto estar solo.
¿Por qué en esta sociedad democrática del siglo XXI es tan inconcebible
la idea de que alguien por gusto (y no por mala suerte) escoja estar solo?,
¿Acaso no está ésta opción dentro de la baraja? Abiertamente aparece en el
Artículo 16 de la citada proclamación de DDHH que hombres y mujeres tienen
derecho a casarse, formar familia y hasta divorciarse, pero aclárese también
que es un derecho no una obligación... he dicho.
Agradecimientos a G. Novoa por ayudarme a ver lo evidente.