Caminando cerca del cielo

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Laguna Verde - Uyuni - Bolivia

jueves, 19 de febrero de 2015

El arte del dos por uno

El artículo 27 de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, proclama que: “Toda persona tiene derecho a tomar parte en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y del progreso científico”. Léase bien, dice toda persona, entiéndase persona como individuo, no pareja o grupo de 3 o más.

Este mes buscando escapar de algunos demonios y dándole rienda suelta al espíritu aventurero que sé que llevo dentro, pero de tanto en tanto se esconde, me di a la tarea de encontrar un plan lo suficientemente bueno para sustraerme de la realidad durante los tres días de un fin de semana con puente, con la respectiva aclaración, un plan para mí. Resulta entonces que en este país, el concepto de individuo es solo teórico, por lo menos en lo que respecta al entretenimiento (mantengamos el beneficio de la duda latente).

En mi búsqueda encontré un sinfín de planes para dos o más, aquellos contados en los que se dejaba entrever la posibilidad de una persona sola, tenían como objetivo “encontrarte pareja”… ajá y si no estoy buscando?. Con el instinto de aventura embolatado y más enfocada en tirármelas de científica, se me dio por hacer un pequeño experimento. Me fui al extremo y digité las temidas palabras: Para uno. Google en su afán por satisfacer las necesidades de sus desubicados usuarios, me remitió a 3.5 MM de resultados, 7 links en la primera página, todos en Chile. Como siempre los chilenos un paso adelante ya se han desprendido de la ordenanza del dos por uno. Pero en el país del sagrado corazón, ejemplo del incumplimiento de los Derechos Humanos, el mencionado artículo 27 se da por sentado, en parte porque parece obvio y en parte porque no es entendido en su totalidad, empezando por nuestras instituciones madre. Por ejemplo, la iglesia que aun maneja ciertos hilos de oro doble moralistas (…me pega…), es precursora en ofrecerlo todo en combo y un soltero de 30 años representa una profanación al divino sacramento de la empresa matrimonial. Que no me lean ni el padre Jose Manuel, ni mi madre y mucho menos mi tía Nancy, porque con esto sí tendrán para rasgarse las vestiduras y creer que a pesar de tantas oraciones me inscribí en el otro equipo.

Continuando con mi experimento, después de limitar el sondeo a Colombia, solo aparecieron tres pestañas de resultados y los diez primeros links repletos de opciones en Pareja y/o Grupos. Al parecer es más fácil conseguir un plan swinger que un plan para una sola persona.

Luego de horas de navegación infructuosa, encontré una página prometedora no porque pudiera ir sola sino porque era un viaje a Bahía Málaga en el pacífico. A pesar de la restricción hice mi inscripción para dos. Mientras llenaba los datos, tuve que especificar mi estado, ¿soltero o casado? Primero, como si no hubieran más opciones y segundo ¿qué diferencia hace? Es tan segregacionista como exigir la foto en una hoja de vida. Así que ahora debía rebuscar con quien ir. Luego de una selección exhaustiva, en la que de entrada tuve que descartar a mis amistadas pares que por obvias razones dirían que no, le comenté el plan a uno de mis amigos de toda la vida, que según parece sufre de la misma enfermedad que yo… es soltero. Sin embargo luego de varias semanas de indecisión cuando finalmente supuse que no iría, volví a contactar a la compañía, en la cual ya había hecho un depósito para dos personas. Me informaron que no les era posible lograr acomodación simple. Y ahí me quedé al otro lado de la línea, pensando que para ver a las benditas ballenas tenía que sucumbir ante lo arcaico del precepto sobre la pérdida de la individualidad.  El dinero no era el problema, mi disponibilidad tampoco, lo era no tener con quien ir, ¡válgame Dios! No tuve más remedio que solicitar el reembolso, dar las gracias y luego de colgar, estallar a carcajadas, fue cuando me di cuenta que en este país está mal visto estar solo.


¿Por qué en esta sociedad democrática del siglo XXI es tan inconcebible la idea de que alguien por gusto (y no por mala suerte) escoja estar solo?, ¿Acaso no está ésta opción dentro de la baraja? Abiertamente aparece en el Artículo 16 de la citada proclamación de DDHH que hombres y mujeres tienen derecho a casarse, formar familia y hasta divorciarse, pero aclárese también que es un derecho no una obligación... he dicho. 

Agradecimientos a G. Novoa por ayudarme a ver lo evidente.