He aquí los dos, frente a frente,
en este recinto caluroso,
yo mustia, pero usted nervioso.
Sea que el dolor no le encuentre.
2
Ahora ambiguo mas antes altivo,
sus ojos que perforan el suelo
me despojan del vano consuelo
de verle triste y compungido.
3
¡Levante su mirada perversa!
Las horas de espera concluidas,
nuestra desdicha está ungida
con una tragedia sin reversa.
4
Mi duelo sigue con sus palabras
impersonales y aprendidas,
no son bálsamo para heridas
que manan de sus obras macabras.
5
No hay descanso suyo o mío,
Acabaron las noches tranquilas.
¡Devuélvame ya la dulce vida!
¡Arránqueme de este vacío!
...
6
Cada lamento ya es inútil.
Siga el camino escogido,
disfrute lo que ha vivido
y arrastre su corazón fútil.
7
Quiera Dios que no olvide mi voz,
que enmudezca sus oraciones,
le regalo mis absoluciones
por aquel hijo que usted mató.