Caminando cerca del cielo

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Laguna Verde - Uyuni - Bolivia

jueves, 18 de octubre de 2018

Amago de reseña de Carta para una señorita en Paris

Advertencia: 

La siguiente entrada se genera, como las demás, por el mero gusto adquirido de escribir creyendo que nadie lee. No se trata de una disertación o ensayo o análisis literario, mas un simple, muy simple comentario sobre algo que se ha leído. Como aquellos que se emiten al salir del cine, carentes de fundamento teórico o contexto propiamente dicho. Es por tanto que usted, ese que de seguro por equivocación se encuentra leyendo esto, deberá tener presente que quizás lo siguiente no le aporte en nada y por el contrario pudiera revelar algo que le impediría disfrutar a cabalidad del goce natural de un cuento singular y a su vez cortado a la medida de los más tradicionales. A partir de este punto, continuar es su decisión. 

...

Hace un par de días estuve leyendo a Julio Cortazar, con su Carta para una señorita en París. Debo confesar que en todas las artimañas que él usó para lectores fáciles, he caído. Me distraje con el título y al entender el meollo del asunto, la excitación y la sorpresa se entremezclaron complacidas y con un toque de vergüenza. Como cuando alguien te descubre con un placer culpable. 

La espera en la exposición del conflicto me resultó exquisita, justa la medida para un cuento. Y la resolución del mismo, insisto, diseñada para lectores impresionables, inundó de satisfacción todo el recinto en el que me encontraba. No le exijo nada más. 

Ahora bien, adentrándome un poco en el tema culposo del personaje, aún cuando no es mi fuerte, por demás que si tuviera alguno, las cavilaciones del mismo sobre la carga que lleva en sus hombros es tan humana como cualquier culpa, porque la culpa nace de la autocrítica y esta nada tiene que ver con la razón, mas con la sociedad. Así pues, mientras más necio sea el estándar que se ha transgredido, el parámetro que se ha burlado, mayor la recriminación propia que recae sobre el ejecutor. Y es en este punto donde, a pesar de lo inverosímil que resulta la razón, se puede sentir identificado el lector, pues ¿quién no se ha sentido culpable por algo? Sea entonces dicho que la especialidad expuesta por Cortazar en su cuento corto, endulza, enreda, acusa y por último, te saca de la silla de un golpe o ¿por qué no?, te tira al tejado sin más. 

domingo, 22 de julio de 2018

El Puente

Entre tablas y pasos sucesivos
vio cautivo el sentimiento augusto
de estar en pleno suspendido
presa de la admiración y el susto.

En las ramas se balanceaba justo
el suspiro natural,
no hay errores, no hay mal
en los abrazos de un arbusto.

Delicia fue el frescor vespertino
que ahogaba en tanta pureza,
estando en pleno suspendido
relegada quedó la tristeza.

Y de hojarasca se vistió la belleza
cernida a los lados del puente,
en un paso hacia el frente
aguardaba, intensa, la naturaleza.

Hombre Taciturno

De angustias, el tocado en su cabeza,
se fue cubriendo con cada atardecer,
continúa lloviendo, parece no ceder
el torrente que alimenta su tristeza.

Pobre hombre de mirada en lontananza.
Sin alas, ni sonrisa entre sus pasos,
tanto caminar, evitando los retazos
de un amor convertido en añoranza.

Abatido en mil batallas pasajeras
ahora carga el desierto en las costillas,
se olvidó de fervor y maravillas,
y tomó la soledad por compañera.

martes, 15 de mayo de 2018

En el aeropuerto

Hoy he visto a tu gemelo de espalda. 

Es curioso como nos acostumbramos a la idea de tener un hermano de otra familia que transita por el mundo, inconsciente de ti y esperando encontrarle. 

En tu caso, tal vez ese hermano tuyo se ha segregado en varias partes y cada una vive separada de la otra, y yo me he encontrado con la última parte que se gravó en mi memoria cuando te fuiste. 

Aquella silueta que fuera tan familiar, se presentó en el cuerpo de un extraño, de un alma que no me reconoció. Por un momento vi la imagen que otrora acelerara mis pulsaciones. Como una instantánea de antaño, revolvió mis pensamientos, trasladándose mi ilusión a momentos más felices, menos en el ahora. Casi como una bebida que guarda en el aroma tu infancia y la libera despacito en una estela humeante, o que en cada sorbo va extrayendo de tus papilas los mejores momentos de la vida. Tan vívido fue el recuerdo que provocó el impulso de un abrazo, un impulso que se ahogó al instante.

Sus movimientos torpes me golpearon a la luz de la razón, de la verdad. De vuelta al presente sus ademanes vulgares y violentos a mis ojos, vociferaron insolentes, que no era el que eras. No ganó siquiera la dignidad de compararse con la danza que emanaba de tu ser en la marcha, la sutileza en los gestos y la tranquilidad de tu estampa en el andar. 

Empero lo seguí con la mirada, cazaba sus ángulos, aquellas minúsculas inclinaciones en las que te encontraba y me quejaba de las otras que le pertenecían al portador tanto como las primeras, pero te desdibujaban y hacían que te perdiera. Con eso me bastó para distraerme mientras esperaba un avión.

Llamaron de la sala de abordaje y tuve que dejar de verlo, y volví a la vida en la que no estás. Pudiste haber sido tú, mas ya no eras. 

viernes, 23 de marzo de 2018

El final

El tiempo transita indiferente y sin vacilaciones, creando ilusiones vanas que difuminan la única certeza de la vida. ¿Cuántas veces la imaginación se cierne sobre una vida eterna sin pesares o vejez?. ¿Cuántas veces las cavilaciones se arrastran en la terminación absoluta?. El momento está marcado para cada quien, ¿sobrevendrá en calma o traerá consigo sufrimientos indescifrables?. ¿Puede un alma ignorante de su suerte corregir los designios o tan siquiera alertarse de que la hora venidera será la última?. Y si antes supiera, ¿calma tuviera el ser para sobrellevar la carga de la agonía?. El deseo sucumbe entonces a implorar al olvido su abrazo, un ruego por el cobijo de la negación, una mentira que se irrigase como bálsamo para el alma: Que haya mañana como hubo hoy. 

Mas cuantos planes tácitos, tantos y tantos supuestos sobre designios que damos por sentado y nada más lejano de la realidad. Sin embargo, muy en el fondo lo sabemos, arraigado en el inconsciente, se encuentra somnoliento y silente, el desenlace. De allí nace la sed de los besos de buenas noches, una despedida al que abrirá sus ojos en el nuevo amanecer, o no. Un abrazo prolongado para el que se distancia y ha de regresar en un futuro próximo, o no. El deseo incólume de perpetuar la existencia propia a través de la descendencia. Irrisorios todos los esfuerzos por alargar en un minuto la temporalidad de nuestros cuerpos. 

Y más allá está en máxima incertidumbre, el camino desconocido, del que nunca nadie ha retornado, el trayecto obligado del que todos anhelamos ser la excepción. ¿Cuándo? ¿Cómo? Se desvanece quien otrora impertérrito, dueño del tiempo y del destino, paseara entre los días sin percatarse del final. Así como una gota en un arroyo pasa y no volverá jamás. Ilusos todos que andamos sumergidos en la insensatez de la eternidad.