se fue cubriendo con cada atardecer,
continúa lloviendo, parece no ceder
el torrente que alimenta su tristeza.
Pobre hombre de mirada en lontananza.
Sin alas, ni sonrisa entre sus pasos,
tanto caminar, evitando los retazos
de un amor convertido en añoranza.
Abatido en mil batallas pasajeras
ahora carga el desierto en las costillas,
se olvidó de fervor y maravillas,
y tomó la soledad por compañera.